Between the Lines | Sígueme...¿por qué?
Las redes sociales nos anima a pedir a los usuarios que nos sigan pero, ¿no deberíamos ofrecerles contenidos de valor para que no se sientan decepcionados si lo hacen? Pensemos más en la calidad de los contenidos que en la cantidad de seguidores que tenemos y la influencia que ello supone. ¿Es una influencia real?
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Sígueme…¿por qué?

18 Feb Sígueme…¿por qué?

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Lo reconozco. Soy una fanática de Twitter. Me encanta. Me entretiene, me divierte y me informa. También me aburre a veces y me enerva, pero el tipo de contenidos y su calidad depende a su vez de la calidad y el tipo de personas o cuentas que sigamos. Nunca fue tan fácil tener al alcance de la mano tantas fuentes de información y líderes de opinión tan diversos. Eso sí, todos hablando al mismo tiempo. Unas veces sobre lo mismo y otras, cada loco con su tema.

Como periodista, me resulta una red social muy interesante desde el punto de vista informativo y, aunque jamás lo hubiera creído hace unos años, se ha convertido en mi fuente de información de cabecera y de referencia. Consultar Twitter mientras voy al trabajo me permite tener una idea general de lo más importante que ha ocurrido en las últimas horas antes de llegar a la oficina y leer los diarios. Durante el día, lo consulto varias veces (casi siempre aprovechando algún trayecto en transporte público) para mantenerme al día de la actualidad o profundizar el determinadas materias a través de artículos en medios o en blogs. Eso sí, siempre que aún me queden datos en el móvil (!). También me ayuda a identificar temas que me sirven en mi día a día laboral: tratamiento que dan los medios de comunicación a determinados asuntos, identificación de fuentes de opinión o informaciones de interés para clientes.

Como apasionada del sector legal, sigo a muchos abogados de todas las ramas, despachos nacionales e internacionales y profesionales del marketing jurídico y la comunicación que me interesan por varias razones. La principal, porque quiero saber cómo usan esta red social: cómo se definen, a quién dirigen sus mensajes, qué mensajes son estos y cuál es su personalidad en Twitter. En definitiva, qué tienen que contar.

Vaya por avanzado que no considero que haya una forma estándar o perfecta de comunicar en Twitter para una firma de abogados, como tampoco creo en los santos griales o las 10 reglas definitivas para triunfar en esta red social. Si todos hiciéramos lo mismo de la misma manera, nadie destacaría y la vida sería muy aburrida. Por eso, en comunicación, creo en la creatividad, en la diferenciación y sobre todo en ser auténtico

En las redes sociales se habla mucho de contenido pero se predica poco con el ejemplo. El ciclo de difusión en Twitter para contenido propio -importante matizar lo de propio- (blog+tuit+interacción) vehicula una parte muy destacada de la actividad profesional de los abogados y despachos presentes en esta red. De hecho, es una de las primeras acciones que recomendaría un asesor en comunicación a un despacho que quiera tener presencia en Twitter porque es la base sobre la que trabajar la diferenciación o la autenticidad de la marca. En definitiva, su personalidad.

En cuanto a la actividad de los abogados como individuos, hay muchos que cumplen esta regla, generando para su marca personal un ciclo propio de creación de contenido que luego pueden compartir a su vez en otras redes sociales como Linkedin, Facebook o Google Plus. Siguiendo la máxima que dicta que “lo que no se mide, no se puede mejorar” sumada a la capacidad de medición que tienen las redes sociales, aparecieron varios índices que clasifican la actividad de los usuarios en el entorno digital. El más conocido es el índice Klout o Klout Score, que mide la influencia de una persona o una marca en Internet dándole una puntuación del 1 al 100, a partir de un algoritmo que contempla la interacción en las distintas redes, por encima del número de seguidores, y que también clasifica por actividad y sector, en este caso, abogados. Pero, ¿qué puede decir un índice de nosotros?

Hace algunas semanas vi en Twitter una conversación entre varios abogados a los que sigo criticando a un tercero por destacar en su biografía su número de Índice Klout como un hito profesional. El problema no era que el usuario en cuestión alardeara de su posición (alta) en el ranking como si ello le definiera como abogado (bueno, un poco sí), sino que las mofas se centraban en el hecho de que su timeline se basara en retuits y tuits de noticias publicadas en la prensa, más que en contenido jurídico o propio ligado con su experiencia o sus inquietudes como abogado. Aunque creo que cada uno debe encontrar su propia personalidad comunicativa en Twitter (y en lo que le dé la gana) y, por tanto, debería poder definirse como quiera, reconozco que estaba de acuerdo (al menos un pelín) con las críticas.

Dejarse cegar por la necesidad de tener actividad en las distintas redes sociales con el único fin de ocupar un puesto determinado en un ranking olvidando el valor del contenido, que al final es lo que de verdad nos define, puede acabar siendo contraproducente para nuestra marca personal y afectar a la imagen de la firma a la que pertenecemos

En el caso que comentaba arriba, se traduciría en falta de confianza profesional hacia el abogado, que tiene su timeline repleto de tuits programados y automatizados que poco valor aportan. Entonces, ¿por qué le siguen? En teoría, el nivel de difusión y actividad generados deberían ir ligados a la calidad del contenido, pero ¿quién puede medir eso? ¿No es subjetivo? En el caso de los abogados, ¿qué indica realmente un buen posicionamiento Klout? ¿Que los contenidos compartidos son interesantes? ¿Que se trata de un profesional reputado? ¿Que tiene muchos amigos?

Influencers proclamados versus influencers reales

En ocasiones me ha ocurrido que, cuando mi curiosidad tuitera me empuja a seguir a determinados proclamados influencers (abogados o no), he acabado decepcionándome profundamente al no ver cumplidas mis expectativas, bien por su falta de contenido original, por unos contenidos pobremente escritos o, simplemente, porque no he conectado con sus ideas. Debo reconocer que me sorprende ver rankings de influencers publicados en los medios tradicionales que se basan principalmente en el número de seguidores, ya que me llevo la impresión de que están elaborados por personas que no utilizan Twitter ni lo conocen. Cuando motivada por estos listados sigo a uno o varios de los nombres incluidos, me refuerzo en la idea de que la influencia publicada nada tiene que ver con la influencia real.

La influencia debería ir ligada a la originalidad y la calidad de los contenidos (¡sin erratas ni faltas de ortografía!) a la vez que se comparte opinión y comentarios no exclusivamente profesionales que aportan otro tipo de información sobre el usuario (gustos, inquietudes, fobias) y que son los que crean la verdadera conexión

De la misma manera, me descoloca ver perfiles con una actividad poco relevante bajo mi punto de vista (poca opinión, excesivos RTs de noticias u otros usuarios y escaso contenido propio) con un número de seguidores que supera los 1.000, por poner una cifra redonda. No voy a entrar ahora en los porqués (ni lo pretendo) pero, siguiendo la conversación que comentaba anteriormente en Twitter, de nada sirve presumir de buen posicionamiento digital si el contenido que aportamos no merece el tiempo de quien nos sigue.

Las redes sociales nos animan a invitar a los usuarios a seguirnos (Sígueme!) para engrosar nuestras listas de fans, pero lo que yo me pregunto siempre es…¿y por qué debería hacerlo? ¿qué me puedes aportar? Si la biografía de Twitter es nuestra tarjeta de presentación, el reclamo que debería ayudar a quien lo lea a saber qué somos y qué le espera si nos sigue, ¿por qué no darles lo que le hemos prometido… o un poquito más?

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