Between the Lines | Periodismo bueno, periodismo malo
Los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils han puesto de manifiesto la importancia de la información a través de fuentes oficiales ante sucesos de tal magnitud. En consecuencia, los periodistas deben actuar con responsabilidad cuando informan al respecto para no poner en peligro la seguridad ciudadana ni operaciones policiales en curso.
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Periodismo bueno, periodismo malo

21 Ago Periodismo bueno, periodismo malo

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Agosto de 2017 se recordará siempre por los atentados yihadistas de Barcelona y de Cambrils en los que perdieron la vida una veintena de personas y cientos fueron heridas de diversa consideración.

Pese a que mucho se ha escrito al respecto en los días posteriores al suceso y otro tanto se hará en el futuro, como periodista, el flujo de informaciones al respecto, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, ha puesto de manifiesto una dicotomía a la que nos enfrentamos todos ante una catástrofe como ésta: información versus seguridad ciudadana.

El jueves 17 de agosto, sobre las 17.30 horas, una de mis primas envió un pantallazo al grupo de whatsapp de la familia en la que nos advertía de que una furgoneta había arrollado a varios viandantes en las Ramblas de Barcelona. Acto seguido, hice lo que hago siempre que quiero saber qué ha pasado en tiempo real: entré en Twitter. Lo primero que vi fue el tuit de una periodista de Barcelona cuya redacción se encuentra muy cerca de la zona del suceso en la que pedía información en varias ocasiones al Community Manager de los Mossos d’Esquadra acerca de lo que estaba pasando e incluía una foto de una ambulancia y de un mosso en el lugar de los hechos. En otro tuit indicaba que había oído disparos y aseguraba que había un tiroteo y sangre e, incluso, grabó un video en directo que también tuiteó. Posteriormente, cuando supo que se trataba de un atentando de tal gravedad, pidió disculpas por la emisión del video (aunque no se veía a ninguna víctima).

En aquel momento no le di mayor importancia, más allá molestarme un poco el tono con el que la periodista pedía a los Mossos en Twitter que le informara sobre lo que estaba pasando. Quizá me incomodó porque, como periodista que escribió de sucesos durante algún tiempo -cuando no existía Twitter, debo admitir-, ante un incidente de cualquier tipo, lo primero que hacía era llamar al departamento de prensa/comunicación en cuestión para conocer la visión oficial de lo ocurrido. Quizá me he quedado anticuada y consultar primero la versión oficial de los acontecimientos ya no se estile, pero pienso que una llamada telefónica, en privado, es más responsable que demandar información de forma abierta en Twitter cuando sabemos que algo preocupante está ocurriendo pero no tenemos conocimiento de qué es exactamente ni del alcance su gravedad. Evidentemente, el CM de Mossos no contestó a ese tuit, sino que tuiteó regularmente sobre lo que estaba ocurriendo desde la cuenta oficial.

En este sentido, no son pocos los que estos días han felicitado la labor del departamento de comunicación de los Mossos en Twitter por haber utilizado este canal, muy dado a elucubraciones, bulos y rumores de todo tipo, para informar (en cuatro idiomas) de forma puntual y con datos oficiales, en primer lugar, de los hechos del día 17 y, posteriormente, de los avances en la investigación. Las cuentas de Twitter de Policía Nacional y de la Guardia Civil también han contribuido a esta buena labor informativa en momentos tan complejos y sensibles como los vividos en un atentado terrorista.

Todo lo ocurrido me ha hecho reflexionar acerca de la responsabilidad sobre la seguridad ciudadana que también tiene el periodista cuando informa de una investigación en curso

Aunque se nos olvide porque, por fortuna, no vivíamos un atentado de estas características desde el 11-M, debemos ser conscientes de que la comunicación que llevan a cabo las fuerzas de seguridad y las autoridades, además de informar, tiene como prioridad preservar la seguridad del ciudadano. Y esto prevalece (o debería hacerlo) por encima de cualquier filtración que pueda poner en peligro su labor (y, por ende, nuestras propias vidas). Los periodistas son responsables directos de respetar esta máxima, por el bien de todos, pero también los ciudadanos que se topan con un control de carretera o que son testigos de una conducta sospechosa, como han advertido en repetidas ocasiones los Mossos a través de Twitter (hecho remarcable, bajo mi punto de vista).

Cada vez es más frecuente ver cómo la necesidad de narrar en tiempo real y ser el único (o el primero) en hacerlo pasa por encima de contrastar la información. Evidentemente, si un periodista está siendo testigo de un hecho que se puede considerar noticiable, es la persona más adecuada para informar de ello, porque se le presupone un criterio que evitará suposiciones acerca de lo que ocurre y podrá aportar contexto a dicho acontecimiento. Cuando esto no ocurre, el periodista se convierte en un ciudadano más y, como cualquier ciudadano, cree que con sacar el móvil, grabar lo que ocurre a su alrededor y difundirlo por cuantas más redes sociales, mejor. Y, con ello, cree, además, que está realizando una labor social informativa. Pues no estoy de acuerdo.

 

¿Periodismo ciudadano? No, gracias

Estoy segura de que una gran parte de la población (iba a decir española pero creo que casi podría decir mundial) recibió en su whatsapp el vídeo del atropello en Barcelona pocas horas después del suceso, si no lo vio en alguna de sus redes sociales o en un medio de comunicación. Yo lo recibí y me he negado a verlo. No creo que visionarlo me haga más sensible a lo sucedido (se trata de personas perdiendo la vida) y los que perpetraron el atentado deben haber disfrutado viéndolo. He buscado información sobre el autor del vídeo para conocer su motivación cuando decidió sacar el móvil y dedicarse a grabar lo que estaba pasando en lugar de escapar del lugar u ofrecer ayuda a los heridos, pero no he encontrado nada. Me parece muy triste que, ante un suceso, haya personas a las que le motive un pseudosentimiento de informar y difundir (sin filtro alguno) por encima de la asistencia a heridos. Y aquí nos topamos con el problema de la información en tiempo real de la era de las nuevas tecnologías: no siempre la hacen los periodistas.

Hay periodistas malos, perversos, mentirosos, manipuladores… Los hay, y muchos, lamentablemente. Para atajarlo deberían actuar los colegios de periodistas. Pero también los hay concienzudos, serios, responsables y profesionales que son conscientes de la importante labor que realizan filtrando y contextualizando la información para que los ciudadanos tengan los datos necesarios para formarse su propia opinión (ésa es un labor, no lo olvidemos).

Invertir los papeles para que los periodistas escriban en función de la opinión de los ciudadanos es un grave error que pagamos todos

Escribir noticias a partir de la ínfima muestra que es Twitter con titulares sensacionalistas del estilo ‘El comentario que incendió la redes sociales’, querer erigirnos en adalides de la información en Twitter en lugar de en nuestro medio de comunicación, buscar la fama en lugar de la credibilidad del ciudadano, y un largo etcétera de malas prácticas periodísticas de las que somos testigos a diario contribuyen a que el ciudadano esté más desinformado que nunca en un mundo con sobreinformación. Si los periodistas no somos capaces de aportar al ciudadano criterio, ¿quién lo hará? O, aún peor, ¿quién lo está haciendo?

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