Between the Lines | El tiempo es oro, pero...¿el de quién?
En la profesión de consultoría y en despachos de abogados se malinterpreta en ocasiones el servicio 24/7, llegado a exigir a los abogados y empleados jornadas maratonianas a costa del tiempo de su vida personal. Existe poco respeto por el tiempo de los demás y se hace necesario saber discriminar aquellas tareas imprescindibles de aquellas que pueden esperar.
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El tiempo es oro, pero…¿el de quién?

26 Mar El tiempo es oro, pero…¿el de quién?

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“Acostúmbrate a trabajar los fines de semana”. Esto es lo primero que me dijo mi padre cuando le confesé que quería ser periodista. Sabía que los periodistas no tienen horarios y deben estar siempre alerta, por lo que me advertía de que lo tuviera en cuenta para que no me quedara solo en la imagen glamurosa que tenía del periodismo en aquél entonces, con 12 años. Ni qué decir tiene que no me importó en absoluto. Había decidido que quería ser periodista y ya no había vuelta atrás. Trabajé mucho para conseguirlo, esforzándome siempre en sacar las mejores notas para poder entrar en la carrera y, una vez lo hube conseguido, me dediqué a disfrutar de la experiencia de aprender la profesión que siempre había soñado.

Gracias a una compañera de carrera (y gran amiga, Rosa, actualmente periodista de RNE), me dieron mi primera oportunidad en la radio local de Cerdanyola del Vallès, una población muy cerca de Barcelona, en la sección de deportes. Ni qué decir tiene que, al tratarse de deporte, el trabajo se desarrollaba los fines de semana, por lo que puedo asegurar que he trabajado muchos sábados y muchos domingos. Y con una sonrisa. Recuerdo, incluso, con cierta melancolía, la sensación de volver a casa con la adrenalina a tope un domingo a las cinco de la tarde tras una mañana de fútbol regional o un sábado a las once de la noche al acabar el programa tras un partido de hockey patines. Posteriormente, en la agencia de noticias Europa Press, tanto como becaria como redactora, me tocó trabajar en día de Navidad, festivos, fines de semana, Año Nuevo… Y no me importaba. Las noticias no entienden de fiestas y lo asumía como parte de mi profesión.

Sin embargo, creo que es importante distinguir entre los días festivos en los que “toca” trabajar y el tiempo, tanto de los días laborables como de los festivos, en los que se da por hecho que hay que estar al pie del cañón. Soy feliz trabajando como consultora de comunicación; no era consciente de que es mi trabajo ideal hasta que me encontré haciéndolo. Me ha abierto la mente respecto a muchas cuestiones que ignoraba totalmente cuando era periodista. Aun así, hay dos cosas que echo especialmente de menos: los temas empezaban y acababan el mismo día (no me llevaba nunca el trabajo a casa), y los días de vacaciones.

Los periodistas renuncian a muchas horas de su tiempo en pos de la actualidad. Cuentan con jornadas, en ocasiones, maratonianas y es habitual que trabajen en fin de semana y festivos, pero lo compensan con días de vacaciones. Suelen tener más días que el resto de profesiones y, además, suelen cogerse días libres tras trabajar un fin de semana o un festivo. No quiero entrar a valorar si esta fórmula es mejor o peor o si el esfuerzo está justamente recompensado -estoy segura de que muchos periodistas preferirían tener mejores condiciones retributivas y menos días libres- pero sí quiero poner el foco en que hay muchas otras profesiones, especialmente aquellas relacionadas con el sector de consultoría (por supuesto, abogados), que vivimos en una vorágine continua de atención 24/7, en ocasiones, injustificada. Recientemente, he vuelto a trabajar a jornada completa, y me ha sorprendido el poco respeto que se tiene por el tiempo de los demás.

Hay clientes que creen erróneamente que el servicio 24/7 significa disponibilidad ilimitada o “estar a su servicio a todas horas”, cuando en realidad debería ser un “estoy cuando me necesites”, que no es lo mismo

La necesidad es uno de los conceptos clave que veo imprescindible reformular y que aprendí de mis años en jornada reducida. Ante una petición “fuera de horas”, me preguntaba: “¿es realmente necesario responder ahora o puede esperar a mañana?”. Os sorprendería la cantidad de tareas que pueden esperar sin que nadie muera. Muchísimas.

 

El tiempo, un activo para las firmas y para los abogados

“El tiempo es el inventario con el que cuenta cualquier firma, por lo tanto, no es sólo un factor relevante sino uno de los tres factores principales a la hora de diseñar, evaluar y controlar los procesos de trabajo. Los otros dos son la generación de beneficio y la reducción de los costes de explotación (teniendo en cuenta que coste es todo aquello susceptible de venderse, incluido el tiempo de trabajo)”, indica Diego Alonso, fundador y director de proyectos de Marketingnize. Como experto en la gestión de procesos en el sector legal, considera que “las políticas de presencialismo no afectan sólo al sector jurídico”, ya que la racionalización horaria es un problema transversal en todos los sectores.

Tengo un compañero de trabajo al que aprecio mucho y con el que aprendo enormemente trabajando pero con el que me cuesta ponerme de acuerdo en un asunto: la disponibilidad. Resulta casi imposible tratar de cerrar una reunión de trabajo con él y un cliente porque suele proponer los viernes por la tarde, las horas de comer o las tardes pasadas las 18h. Cuando volví a trabajar a jornada completa me propuse algo: ya que dedicaba más horas a trabajar presencialmente, no iba a regalar ni una sola hora que no fuera estrictamente necesaria y que pudiera pasar con mi hija. Eso incluye, por supuesto, viernes por la tarde y tardes a partir de cierta hora. Lo cierto es que, cuando lo digo, todo el mundo lo entiende y rápidamente se busca otra opción de horario para la reunión. Entonces, ¿por qué proponerlo de primeras?

Considero que el tiempo es un activo muy valioso para las personas, que deben saber sacarle el mayor provecho. Y, para mí, eso incluye dedicar una parte al trabajo y otra, a uno mismo. ¿Debe esperar un cliente respuesta a un correo a las once de la noche? ¿O un domingo por la tarde? Depende. ¿Es verdaderamente necesario que el cliente tenga respuesta en ese momento o puede esperar al día siguiente? “Trabajar en una empresa de servicios profesionales implica enormes beneficios y ventajas, tanto tangibles como intangibles, pero a cambio, supone un trabajo demanding y, en ocasiones, con presión y jornadas maratonianas”, asegura Javier Mourelo, ex responsable de Recursos Humanos de Clifford Chance en España.

De su experiencia en la gestión de personas en una firma legal, asegura que los despachos están implantando medidas para flexibilizar el trabajo, “no tanto para reducir el número de horas, que es más complicado, pero sí para facilitar la conciliación de la vida personal y la profesional de su capital humano: trabajo desde casa, horarios flexibles, viernes por la tarde sin trabajo, oficinas saludables con gimnasios y un largo etcétera”. Aun así, reconoce que, pese a que los despachos más avanzados “se forma a los abogados en técnicas de gestión del tiempo personal y grupal, muchas veces el elemento decisivo depende de los hábitos horarios de un grupo o área de práctica”.

Recientemente, he tenido la ocasión de formar parte del asesoramiento de comunicación de una salida a bolsa y he sido testigo de momentos que me han llamado la atención, especialmente, por parte de los abogados implicados en la operación

Consciente del intenso trabajo que requiere un proceso como éste, doy por hecho que hay que dedicar muchas horas a la documentación para la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Sin embargo, me sorprende que nos parezca normal que los abogados envíen correos con la última versión del documento (y hay varias ‘últimas versiones’ durante todo el proceso) a las dos de la mañana de un martes, un sábado a las diez de la noche o un domingo a las tres de la tarde. ¿Es realmente necesario? Javier Mourelo precisa que “todos los socios y abogados, con independencia de su seniority, trabajan con un alto grado de disponibilidad: se trabaja en equipo, muchas veces contrarreloj, y todos arriman el hombro” y añade que los despachos más relevantes retribuyen a los profesionales de manera muy generosa, lo que lleva implícito “esa disponibilidad cuando el cliente necesita con urgencia un trabajo determinado”.

“Los famosos softwares de gestión de horas llevan mucho tiempo en el sector; unos los han utilizado para un mero control de las horas facturables a clientes y control de los empleados, mientras que otros han dado un paso más hacia la gestión por proyectos, entendiendo el tiempo como un inventario”, relata el socio de Marketingnize. Esta concepción del tiempo en las firmas “da lugar a nuevos modelos de negocio y estructuras líquidas que evitan tener la maquinaria siempre funcionando al 100% (algo poco rentable si hablamos de procesos)”.

 

Un sector con mucha exigencia…¡y sin pago de horas extras!

En la profesión de consultor tenemos asumido que, cuando se produce una crisis, no hay horarios que valgan y es necesario (en este caso sí) estar al pie del cañón para solucionar el asunto con la mayor celeridad y profesionalidad posible. Pero en una operación como una salida a bolsa, que tiene un timing y un proceso muy estipulado y por todos conocido, o en una operación corporativa, que requiere de muchas horas de negociación, ¿es realmente necesario dedicarle también horas de madrugada? Quizá sí. Un día. Pero, ¿todos los días?

Recuerdo una conversación con un socio director de un despacho que me explicaba con preocupación que uno de sus socios dedicaba gran parte de su jornada a acciones de captación de negocio, participando en jornadas y colaborando con medios, pero tenía a su equipo en la oficina pendiente de su vuelta para sacar los temas adelante. Esta gestión del tiempo (el suyo y el de su equipo) provocaba que los abogados asociados y juniors trabajasen cada día (e innecesariamente) hasta altas horas de la noche. En situaciones así, ¿es posible recompensarles por dedicar todo su tiempo a la firma a costa de su vida personal?

“El perjuicio es claro -subraya Diego Alonso- porque una organización no es más rentable por tener sus recursos trabajando el 100% de su tiempo”. En su opinión “además de los factores que puedan afectar a la propia persona (capacidad de concentración, estrés, etc.), tener un recurso activo durante ocho, diez o doce horas conlleva un coste económico y riesgo (los errores suelen ser humanos) que se compensan con estructuras que cuentan cada vez con una brecha más grande entre la figura del socio generador de negocio y abogados junior, desapareciendo los mandos intermedios que son el remplazo natural en la firma”.

Entonces, ¿es posible compensar las puntas de trabajo en un sector en el que no existen las ‘horas extras’? Javier Mourelo insiste en que “en algunas firmas se da flexibilidad a cambio de la flexibilidad del abogado, mientras que otras son  más reacias a compensar con horas o días extras de vacaciones el esfuerzo llevado a cabo durante el tiempo en que se trabaja en operaciones complejas y muy exigentes en términos de tiempo”. Y prosigue: “las organizaciones avanzadas personalizan el trato y la compensación a sus profesionales en función de las prioridades y los intereses personales, pero el ‘café para todos’ dejó de funcionar hace ya mucho tiempo en este sector”.

Una profesional con una extensa trayectoria en la consultoría de comunicación y alto cargo durante muchos años me dijo hace poco que los hombres suelen organizar reuniones por la tarde porque no quieren volver a sus casas. La afirmación me dejó perpleja porque ella es una de las personas más incansablemente trabajadoras que conozco y que más horas dedica a su cargo (tanto que a veces me recuerda a un hombre). No quiero añadir otra variable a este artículo entrando en si la conciliación y la gestión del tiempo en los despachos o en firmas de consultoría varía en función del género (esto da para varios posts que tengo la intención de escribir, aviso).

Como muestra de ello, acabo con un ejemplo entre dos mujeres: una excompañera de trabajo se negó a trabajar cuando fue requerida un domingo por su superior (mujer) porque había fallecido el presidente de la empresa a la que asesoraba y era necesario gestionar las esquelas en la prensa del día siguiente. Dijo que no porque tenía planeado un día especial con su pareja y la jefa tuvo que gestionar las esquelas personalmente. ¿Hizo bien? Reconozco que, muy probablemente, yo hubiera sido incapaz de negarme y seguir tan tranquila con mi día sabiendo que mi cliente me necesitaba en un momento crítico, aunque mi responsable estuviera también trabajando, pero son decisiones personales en las que cada uno debe valorar sus prioridades.

Sinceramente, creo que mi excompañera se negó porque tenía la sensación de que lo que quería la jefa era endosarle el asunto y pasar el día con su familia, así que lo que hizo fue obligarle a hacer valer su responsabilidad y responder a las atribuciones (y retribuciones) de su cargo. No hubo consecuencias de ningún tipo. Entonces, ¿era realmente necesario?

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