Between the Lines | Abogados, ¿son una buena fuente de información para los periodistas? (y parte 2)
Segunda parte de un artículo sobre qué tipo de fuente de información son los abogados para los periodistas. Qué valoran más en ellos y cómo puede mejorarse la relación entre ambos colectivos para obtener resultados.
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Abogados, ¿son una buena fuente de información para los periodistas? (y parte 2)

12 Feb Abogados, ¿son una buena fuente de información para los periodistas? (y parte 2)

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Como lo prometido es deuda, continúo donde dejé el anterior post sobre cómo son los abogados como fuente de información para los periodistas para centrarme en las dinámicas de relación entre ambos. Confidencialidad, accesibilidad, on y off the record y conflictos… ¿es una relación con futuro?

 

Sssshhhhh!

La confidencialidad es la piedra angular de la relación del abogado con su cliente, uno de sus valores primordiales como profesional y, por tanto, un principio sagrado que debe preservarse. No es casual que forme parte del código deontológico de la profesión y que, romperlo, tenga consecuencias. Hago esta introducción para que quede claro que filtrar información confidencial no es ninguna broma, aunque estemos acostumbrados a ver en los medios noticias basadas en datos que quebrantan esta norma (secretos de sumario, salidas a bolsa, operaciones corporativas, sentencias) interesadamente -o no- día sí y día también. Por lo general, lo periodistas lo entienden perfectamente -la relación con sus fuentes también se basa en este principio-, pese a que forme parte de su labor “apretar” a su interlocutor para tratar de conseguir información que nadie más tenga.

Los periodistas preguntados al respecto coinciden en asegurar que los abogados respetan adecuadamente la confidencialidad de sus clientes, y que ello “condiciona siempre” la relación abogado/periodista, del mismo modo que lo hacen las “estrategias legales” marcadas para abordar ciertos temas. Aun así, los hay que opinan que los letrados se amparan demasiado en el secreto profesional para no “mojarse” ante una información y que, incluso, malinterpretan este deber con sus clientes. Apuntan que, en determinadas ocasiones, por ejemplo, para despertar el interés de los compradores ante una posible operación, los abogados pueden actuar como portavoces de sus clientes (ya sea en on u off the record) y evitar así que éste se exponga ante los medios si lo que quiere es mantener un perfil bajo.

Por otra parte, señalan como un hecho cada vez más habitual que una de las partes de un conflicto o de un asunto delicado difunda información interesada, y no siempre veraz, con lo que se hace necesario que la contraparte pueda defenderse (y no únicamente en los tribunales) a través de sus abogados, tanto abiertamente como de forma velada. En otros casos, los periodistas critican que los abogados se nieguen a comentar un asunto que el propio cliente ya ha hecho público y que, por tanto, ya no se regiría por el principio de confidencialidad.

 

Te lo cuento pero yo no te he dicho nada…

El respeto a la confidencialidad me lleva a otro de los aspectos básicos de la relación entre abogado y periodista: el uso del off the record. Para aquellos que no estén familiarizados con este término, existe una regla con rango de ley entre los periodistas por la cual, cuando una fuente se acoge a ella, no podrá publicar lo que le diga. O, al menos, no podrá publicarlo atribuyéndolo a dicha fuente. Quiero subrayar este último punto porque dominar el sutil arte del off the record no es tan fácil como parece y hay abogados que se escudan en el off the record para explicar datos que bien podrían decir de forma abierta.

“Me encuentro a menudo con que los abogados creen que un off the record sirve para secuestrar la información, con lo que piensan que no puedes publicarlo hasta que te den permiso”, indica un periodista de un medio financiero. El off the record tiene sentido cuando queremos dar al periodista determinados detalles que no nos interesa que se publiquen o que conozca el mercado pero que pueden servirle para contextualizar un hecho, para que conozca mejor operaciones en las que no hemos participado o para ponerle sobre la pista de un tema concreto. Si el abogado juega bien sus bazas, el periodista valorará la información que le ofrece y respetará esta regla a rajatabla. De hecho, uno de los periodistas consultados asegura que, con frecuencia, el abogado no se acuerda de acogerse al off the record durante un encuentro (mal) y lo hace al finalizarlo (regular), pero el periodista igualmente respeta la norma “y no suele generar conflictos” (bien por él).

Lamentablemente, hay periodistas que no han respetado el off the record de una fuente, generando con ello un problema grave para su reputación y la de su firma. Y aunque el periodista sabe que, como si de la letra escarlata se tratase, quedará marcado para siempre en el momento en que rompa esta norma, lo mejor es tener claro cuándo un encuentro es totalmente off the record y, en caso de tratarse de una entrevista o de una reunión con afán de publicación, saber qué datos daremos en off the record y cuáles no, para evitarnos sorpresas desagradables.

 

¡Yo no he dicho eso!

Entre las sorpresas más desagradables (y tristemente comunes) entre abogados y periodistas, destaca el momento en que el abogado lee el artículo y descubre que el periodista le ha atribuido declaraciones erróneas o imprecisas. Aunque la mayor parte de los periodistas encuestados afirmaron no haber tenido ningún conflicto con un abogado tras la publicación de una información (honestamente, no me lo creo), un par asevera que es una situación que les ocurre con frecuencia, aunque la califican como mera “anécdota”.

Llamar a primera hora de la mañana para exigir una rectificación por la mala colocación de una coma, por no haber definido la firma como “un gran despacho” o por no haber escogido la cita adecuada para el titular de la entrevista son ejemplos de situaciones reales a las que se enfrentan los periodistas. En estos casos, se ven en la obligación de lidiar con la obsesión por la exactitud llevada al límite, un ego desmesurado o el desconocimiento sobre los criterios periodísticos. No me entendáis mal, yo misma me he enfadado muchas veces a lo largo de mi carrera por un titular mal escogido (bajo mi punto de vista), un entrecomillado reinterpretado por el periodista o, incluso, por haber escrito mal el nombre del cliente (!).

Pero es necesario encontrar el equilibrio entre la publicación de datos falsos o incorrectos que pueden confundir al lector o determinadas licencias que los periodistas se toman en la redacción de los artículos para darle sentido a la historia. Para evitar este tipo de situaciones, la receta es preparar adecuadamente los encuentros o las conversaciones telefónicas con los periodistas, teniendo claro qué se quiere contar y cómo (con qué términos, cuanto más concretos y precisos, mejor) y huyendo de respuestas vagas que requieren de la interpretación del periodista o de asuntos espinosos sobre los que no debemos pronunciarnos.

“Una vez, me interpusieron una demanda criminal por incluir en un artículo una cita textual enviada por email y reproducida al pie de la letra, sin cambiar una coma”, lamenta una de las consultadas. Sin tener que llegar tan lejos, ni mucho menos, es importante ser consciente de lo que se comenta con un periodista. La “amnesia” es algo habitual, aunque no sea voluntaria por ninguna de las dos partes. Simplemente, a veces se recuerdan las cosas de manera distinta. ¿Cómo evitarlo? Mensajes claros, mensajes claros y mensajes claros, para asegurarnos en un 90%.

 

¡Quiero algo y lo quiero ya!

La accesibilidad es otro de los asuntos que enfrenta a abogados y periodistas. La inmediatez que requieren muchos periodistas cuando están escribiendo un artículo y necesitan una fuente no siempre se encuentra con la actitud adecuada por la otra parte. Los abogados, con unas agendas cerradas al milímetro, tienden a pensar que los periodistas exigen demasiado, pero no entienden que un periodista que te llama dos veces sin obtener respuesta, no llama una tercera vez. Así lo refrenda la opinión de los periodistas encuestados, que coinciden en asegurar que la facilidad de acceso al abogado depende de la relación previa establecida.

“El acceso no siempre es fácil y depende de los contactos establecidos con anterioridad”, indica una periodista de televisión, mientras que un redactor de medio generalista asegura que “depende del abogado y del despacho”. Una de las quejas habituales de los abogados es que siempre ven “a los mismos” en los medios y no entienden por qué los periodistas no les han llamado a ellos. Aunque pueden haber múltiples motivos, la disponibilidad por parte del abogado es vital para la buena relación con el periodista y, para ello, es importante conocer cómo trabajan los periodistas y cómo funcionan los medios. Cuando un periodista llama para pedir opinión para hoy es porque, muy probablemente, se ha enterado de que necesitaba dicha opinión hace 10 minutos, cuando su jefe se la ha pedido y no porque sea un “desorganizado”, “calcule mal su tiempo” o tenga especial interés en fastidiar. El conocimiento mutuo y la comprensión ayuda mucho a que la relación sea buena y obtenga resultados positivos para ambos bandos.

En definitiva, y como resumen de los expuesto en los dos posts, me gustaría quedarme con una de las respuestas aportadas por uno de los encuestados y que resume a la perfección la relación entre abogados y periodistas:

“Nosotros no siempre lo ponemos fácil y algunos han tenido experiencias con periodistas realmente malas. Es importante que nosotros entendamos su trabajo y lo respetemos igual que les exigimos a ellos. Por eso, es muy importante crear relaciones de confianza entre abogados y periodistas”

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