Between the Lines | Abogados, ¿son una buena fuente de información para los periodistas? (parte 1)
Reflexiones sobre la relación entre abogados y periodistas, no siempre fácil, a partir de una pequeña encuesta a periodistas especializados. Ambos colectivos están condenados a entenderse pero, ¿por qué no lo hacen?
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Abogados, ¿son una buena fuente de información para los periodistas? (parte 1)

01 Ene Abogados, ¿son una buena fuente de información para los periodistas? (parte 1)

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Si tuviera que definir la relación entre abogados y periodistas, la primera respuesta que me vendría a la mente sería amor-odio. Como periodista que soy, la contestación que doy cuando explico mi expertise en comunicación de despachos de abogados y quienes me preguntan fruncen el ceño (incluidos abogados) es la misma: “¡los odio y los amo a partes iguales!”. Admito que éste es un latiguillo que utilizo con bastante frecuencia, pero hay muchos periodistas que lo ven así y, de hecho, también sé de buena tinta que los abogados tienen un sentimiento similar respecto a los periodistas. Pero…¿por qué?

Aunque no lo parezca, estamos hablando de dos colectivos profesionales con muchos aspectos en común. Ambos son liberales, con una marcada personalidad y están formados, por lo general, por personas con una fuerte vocación. Evidentemente, tanto en uno como en otro, además de excepciones y mala praxis, encontramos rasgos que marcan las diferencias que les separan. La principal es la lucha entre la confidencialidad que rige la relación del abogado con el cliente y la libertad de información que regula el artículo 20 de la Constitución. Aquí radica el mayor desencuentro entre abogados y periodistas, ambos determinados a defender intereses aparentemente contrapuestos pero no necesariamente contrarios. Tengo muy claro, y así lo vengo proclamando en este blog, que abogados y periodistas están condenados a entenderse, cada vez más y mejor.

La comunicación en los despachos de abogados es capaz de contribuir a la reputación de una firma tanto como el desempeño de sus profesionales, pero el éxito de cualquier estrategia pasa inevitablemente por la relación con los periodistas

Cuanto más sólidos sean los cimientos sobre los que está construida dicha relación, mejor para todos. Sin embargo, aunque la comunicación está cada vez más presente en el sector legal, y mucho más con la llegada de las redes sociales, existen muchos abogados que se resisten a aceptarlo y olvidan que la clave del éxito de una relación es que ésta sea recíproca. Es decir, hay que ofrecer información interesante (para los periodistas pero no siempre para a uno mismo) a cambio de un mejor tratamiento ahora o en el futuro para las informaciones que sí nos interesan. No es extraño encontrar letrados que consideran -erróneamente- que ser abogado es un rango y que los periodistas deben estar a su servicio y adaptarse a sus necesidades (¡por algo son la fuente!), y otros que directamente creen que la función del periodista es la de buscar vergüenzas y ponerles el dedo en el ojo.

En la otra parte de la balanza, entre mucho y buen profesional de la información, también debemos enfrentarnos a periodistas con pocos conocimientos específicos sobre un asunto de ámbito legal, escaso rigor -y menos humildad– que, además, piensan que hacen un favor al abogado (en lugar de buscar un beneficio mutuo) por consultarles una información o incluir unas declaraciones en su artículo. Por desgracia, también los hay que ignoran la gravedad de un mal redactado o las consecuencias (en algunos casos nefastas) para la reputación del abogado o de su firma de la publicación de datos incorrectos o imprecisos y, en busca del titular (o click) fácil, desprecian la obligación de ser rigurosos ante determinadas afirmaciones.

Entre la ambigüedad en la que algunos periodistas se mueven y la meticulosidad obsesiva por la corrección de los abogados, ¿es posible encontrar el equilibrio?

Reconozco que hace tiempo que me hago esta reflexión, porque son muchos los ejemplos reales de encontronazos y desencuentros, la mayoría totalmente involuntarios, que he vivido en mis años como consultora de despachos de abogados. Sinceramente, es un asunto que me preocupa, porque es difícil revertir opiniones cuando una idea errónea se enquista, aunque no exista mala fe por ninguna de las dos partes. Por ello, he preguntado a algunos periodistas de medios de referencia, con larga experiencia tratando con abogados como fuentes (y a los que mantendré en el anonimato), para conocer su opinión y saber si consideran la relación abogado-periodista un verdadero qui pro quo. A continuación, detallo las primeras conclusiones extraídas de mi particular encuesta, que completaré en otro post más adelante:

 

Comunicar e informar, misma necesidad

Todos los periodistas consultados coinciden en reconocer que los abogados han cambiado notablemente la forma en la que se relacionan con los periodistas en los últimos años, haciéndose más accesibles y asumiendo su papel como fuente. Ahora, “son más conscientes de la necesidad de ser transparentes”, asegura una redactora de un medio generalista, y han aprendido que negar la mayor cuando un periodista les pregunta por un tema no evitará su publicación, porque se acabará publicando “pero sin su visión de los hechos” y, por tanto, con la posibilidad de que contenga errores o imprecisiones. Este, sin duda, es un argumento que puede motivar a un abogado a participar para tratar de evitar un posible desastre. En la misma línea, admiten que, para los medios, se ha hecho evidente la necesidad de contar con abogados como fuentes de información por su excelente capacidad para ofrecer una visión técnica y a la vez contextualizada de un hecho, poniendo el foco en las posibles consecuencias. Pese a ello, lamentan que todavía muchas firmas y abogados prefieran evitar cualquier contacto con la prensa.

 

El secreto de las miguitas de pan

¿Qué valoran más los periodistas de un abogado? Por lo general, que les pongan sobre la pista de temas interesantes que no llevan directamente ellos o su firma. Según un redactor de un medio económico, ésta debería ser una de la funciones más importantes de un abogado como fuente, ya que no pone en riesgo el secreto profesional y, además, no es necesario que revelen detalles sobre el asunto en cuestión, sino limitarse a confirmar o desmentir. No obstante, los periodistas aseguran que esto no es algo que ocurra con frecuencia en la práctica, dado que no todos los abogados están dispuestos a delatar operaciones o proyectos de ley en los que no están implicados, ya sea por ego o por respeto a sus colegas. El segundo motivo por el que aseguran que los abogados son buena fuente es para confirmar informaciones y obtener valoraciones sobre un tema concreto. En este último punto es donde el letrado puede ejercer su posicionamiento en medios como experto en una materia. El problema es que, para lograrlo, no siempre está dispuesto a acceder a varias llamadas infructuosas previas y alguna que otra consulta anterior sin publicación.

 

Desconocimiento mutuo, desencuentro asegurado

“Buenos días, soy el socio de tal despacho y quiero que publiquéis esta nota de prensa, ¿cuánto vale?”. Puede parecer un ejemplo que me acabo de inventar pero es un caso verídico aportado por uno de los periodistas de la encuesta. Y ello demuestra que, si preguntamos a un periodista si cree que los abogados conocen sus dinámicas de trabajo y sus necesidades informativas, con total seguridad nos responderá con un no rotundo. La falta de empatía con el interlocutor es gran parte del problema entre periodistas y abogados. En una sesión de formación de portavoces impartida hace varios años, me sorprendió que la mayoría de los asistentes valorara la primera parte teórica, centrada en el funcionamiento de los medios (dinámicas periodísticas, qué interesa y qué no, cómo se estructuran las noticias) como pesada y superflua, y manifestaran que hubieran preferido dedicar más tiempo a mensajes propios y a la parte práctica (simulación de una entrevista). Me decepcionó profundamente comprobar que los asistentes no sacarían provecho de la sesión porque habían obviado la parte más importante: su interlocutor.

Aunque los departamentos de comunicación y los consultores han contribuido enormemente a mejorar la relación entre periodista y abogado, no pueden liderar la conversación ni controlar el resultado final, y ello va siempre en contra de la reputación de la firma y del propio abogado

 

Hábleme en cristiano, ¡por favor!

Cualquiera que conozca bien a un abogado sabe que tienen una forma muy concreta de expresarse, tanto oral como por escrito. Me consta que los profesionales de los departamentos de comunicación tienen verdaderas luchas con los socios cuando redactan un artículo de opinión para publicar en prensa. Y es que, aunque a los abogados todos los matices les parecen de vital importancia, para el público en general, y ya no digo para los periodistas, la sencillez manda. La máxima de Lo bueno si breve, dos veces bueno va a misa en cualquier redacción de un medio de comunicación, ya sea televisión, radio, prensa escrita o digital. En primer lugar, porque cada vez hay menos espacio disponible y, en segundo lugar, porque el público prefiere consumir historias cortas y le cuesta pararse a leer, a no ser que el tema le apasione. Todo ello obliga a los periodistas a ser concisos en sus artículos, tratar de explicar lo máximo con lo mínimo y sobre todo entender bien el tema para saberlo trasmitir a su audiencia, por lo general, personas sin conocimientos legales técnicos. Y éste es otro de los puntos en el que los abogados y periodistas chocan con más frecuencia: el lenguaje.

Los periodistas consultados afirman de forma unánime que los abogados “no siempre se expresan de forma clara” ni “saben que sus declaraciones son para un público generalista”, algo tan difícil de gestionar que, incluso, alguno asegura que es necesario “marcarles” para que aclaren determinados términos jurídicos. Los hay que agradecen que las firmas tengan designados portavoces para según qué temas que “no solo se expresan bien, sino que además entienden lo que necesitamos los periodistas”. Recuerdo que, en mi primer año de carrera, tuvimos que realizar una práctica de radio que requería tomar declaraciones. El consejo de la profesora fue que, cuando nos dieran una explicación excesivamente larga, les obligáramos a repetir lo mismo “pero en 25 segundos”. En aquel momento, nos pareció algo imposible de lograr, pero debo admitir que tenía razón. Somos capaces de explicar lo mismo más corto, y esto es algo que los abogados deben aprender cuando hablan con un periodista porque cuanto más claros y concisos sean los mensajes, menor margen queda para la imprecisión o las interpretaciones incorrectas.

 

Mucho ruido y pocas nueces

La concreción no es necesaria solamente en cuanto al lenguaje, evitando siempre que sea posible los tecnicismos, sino que es crucial en cuanto al contenido. Un abogado con frecuencia asume que tener una conversación con un periodista significa salir mencionado en su artículo al día siguiente. Y esto no ocurre siempre así. ¿Por qué? Uno de los principales temores de los periodistas que acceden a sentarse con un abogado es ocupar una hora de su tiempo -como mínimo- en una conversación de la que no puedan extraer ni una sola idea para publicar. Hablar de generalidades, lanzar ideas vagas o comentar asuntos de oído o con información extraída únicamente de los periódicos, además de que el periodista lo detecta a la legua, puede resultar contraproducente para la comunicación de la firma.

Los periodistas quieren información de primera mano, aquellos detalles a los que ellos no tengan acceso y que los abogados conozcan sin necesidad de esforzarse

Sin información útil, no hay publicación. Y esto se cumple a rajatabla si la relación con el periodista no es buena o, a veces, incluso aunque lo sea. Uno de los periodistas consultados explicaba que, ante estas situaciones y “por agradecimiento al esfuerzo que ha realizado el abogado al dedicarnos su tiempo”, intenta incluir al menos una mención (por vaga que sea) en su artículo aunque, en la práctica, no haya habido nada interesante que extraer. Sin embargo, lamentaba que, una vez publicado el artículo, no es extraño recibir una llamada del despacho o del abogado en cuestión quejándose porque ha salido poco en comparación con otro colega que ha sido mencionado más veces. La realidad es que el colega sí aportó información de interés para el artículo, al margen de la relación con el periodista pero…¿a quién le importa?. Saber qué es exactamente lo que el periodista está pidiendo y afinar los mensajes es clave para asegurar una mención en su artículo. Si no lo hace, y aunque hay periodistas con poco -o nulo- respeto por el tiempo y el esfuerzo de sus fuentes, en lugar de quejarse y despotricar, tal vez habría que pensar en qué se ha fallado y cómo mejorarlo de cara a la próxima vez. Si la hay.

 

Continuará…

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